Si la repostería europea es puro arte, la asiática no se queda atrás, y en concreto la azerbaiyana tiene todos estos platazos A nadie le amarga un dulce, por Asia: los 5 postres más queridos en todo Armenia Pocas cosas despiertan tanta unanimidad como un buen postre. Y si hablamos de los más célebres del continente asiático, Azerbaiyán juega en otra liga. Su historia culinaria, situada entre el Cáucaso, Persia y Anatolia, explica por qué sus dulces combinan frutos secos, miel, almíbar y masas trabajadas con paciencia. Aquí el postre no es improvisación: es tradición, celebración y hospitalidad. En este recorrido por la repostería azerbaiyana asoman nombres que cualquier viajero ha visto —o probado—: el pakhlava, el shekerbura o el gogal dulce, postres que no se entienden sin su contexto festivo. Azerbaiyán puede dividirse por regiones montañosas o por su capital moderna, pero hay algo que lo mantiene unido: su forma generosa de ofrecer siempre algo dulce junto al té. 1. Pakhlava azerbaiyana La versión local del baklava, especialmente asociada a la festividad de Novruz. Se elabora con capas finas de masa rellenas de nueces molidas, especias y bañadas en almíbar o miel. Es uno de los dulces más emblemáticos del país. 2. Shekerbura Empanadillas dulces rellenas de almendra o nuez molida con azúcar. Tienen forma de media luna y una decoración minuciosa en la superficie. Son típicas de celebraciones y especialmente del Año Nuevo persa. 3. Gogal dulce Pan redondo especiado que puede tener versiones dulces o saladas. En su variante dulce incorpora azúcar y especias suaves. Es tradicional de celebraciones primaverales. 4. Shor gogal dulce Similar al anterior pero más hojaldrado y aromático. Aunque su versión clásica es salada, existe variante dulce muy presente en mesas festivas. 5. Badambura Dulce de múltiples capas finas relleno de almendra molida y azúcar. Ligero en apariencia pero intenso en sabor, es habitual en celebraciones familiares. Azerbaiyán demuestra que el postre es parte del ritual social. Sus dulces hablan de nuez, de miel y de una tradición donde el té caliente siempre llega acompañado de algo delicadamente trabajado. A veces, entender un país empieza por aceptar esa pequeña media luna dulce que te ofrecen sin que la pidas.