ENCUESTA: ¿Quién crees que debería liderar a la izquierda del PSOE tras la despedida de Yolanda Díaz?

El ciclo político que comenzó con la irrupción de nuevas fuerzas progresistas hace una década vive ahora un punto de inflexión. La retirada de Yolanda Díaz obliga a recomponer liderazgos y estrategias en un espacio fragmentado que necesita definir con claridad quién debe encabezar su próxima etapa. Aquel impulso que alteró el tablero institucional, rompió inercias bipartidistas y situó nuevas prioridades en el debate público —desde la agenda social hasta la regeneración democrática— entra ahora en una fase de redefinición. No se trata únicamente de sustituir un nombre propio, sino de decidir qué rumbo debe adoptar la izquierda a la izquierda del PSOE en un contexto político más exigente y competitivo. Durante los últimos años, Díaz ejerció como figura de consenso —con matices y tensiones internas— entre sensibilidades diversas: desde el ecosistema de Sumar hasta Izquierda Unida, pasando por alianzas con fuerzas territoriales y espacios municipalistas. Su perfil dialogante y su papel institucional como vicepresidenta del Gobierno le otorgaron centralidad, pero también situaron al proyecto ante el desafío constante de mantener cohesión interna. Su despedida deja abierto el interrogante sobre si el próximo liderazgo deberá priorizar la unidad orgánica, la renovación generacional o un giro estratégico más marcado. En ese escenario emergen distintos nombres con trayectorias y perfiles diferenciados. Pablo Bustinduy, actual ministro y con experiencia tanto orgánica como institucional, representa una opción que combina gestión y discurso programático. Ernesto Urtasun, con peso en el espacio de los comunes y presencia europea, aporta una mirada vinculada al ecologismo político y a la construcción de alianzas amplias. Antonio Maíllo, desde Izquierda Unida, encarna una izquierda de tradición más clásica, con arraigo territorial y discurso estructural. Por su parte, Mónica García ha consolidado una proyección pública relevante desde la Comunidad de Madrid, con un perfil técnico y combativo en materia sanitaria que podría ampliar su alcance más allá del ámbito autonómico. Lara Hernández, como coordinadora vinculada al proyecto de Sumar, aparece como continuidad organizativa y puente entre corrientes internas. En paralelo, el nombre de Unai Sordo introduce la dimensión sindical en la discusión, mientras que Emilio Delgado simboliza un perfil más conectado con la articulación política en clave municipal y de base. También desde el ámbito parlamentario y partidista surgen figuras con capacidad de influencia. Gabriel Rufián, aunque perteneciente a ERC, ha demostrado capacidad de marcar agenda en el espacio progresista estatal y es citado recurrentemente en debates estratégicos. En Podemos, Ione Belarra mantiene la dirección orgánica del partido y representa la continuidad del proyecto morado en su fase actual. Irene Montero, con experiencia ministerial y presencia europea, conserva una base de apoyo militante significativa y una visibilidad mediática consolidada. Cada uno de estos perfiles plantea un modelo distinto de liderazgo: más institucional o más militante; más centrado en la gestión o en la confrontación política; más orientado a la unidad transversal o a la reafirmación identitaria. La decisión no es menor. El liderazgo que se configure deberá afrontar un contexto marcado por la polarización, la competencia con el PSOE por el...