Alberto Núñez Feijóo ha protagonizado una semana convulsa, que ha concluido con su reivindicación de que el Rey Juan Carlos I vuelva a España, tras la desclasificación de los papeles del 23-F. Un episodio, unido a las vicisitudes no menores de las negociaciones con Vox en Extremadura y Aragón, que ha eclipsado otro movimiento menos llamativo a simple vista del presidente del Partido Popular (PP), pero quizás de mayor calado. El líder de la oposición de la cuarta economía de la Unión Europea (UE) busca su sitio en la política internacional, el área en la que menos cómodo se ha sentido el expresidente de la Xunta de Galicia desde su desembarco en Génova hace ahora cuatro años, y lo ha hecho con varios gestos y movimientos.