Inteligentes, despiertos, con un olfato extraordinario y una capacidad de orientación fuera de lo común. Así son los podencos, una raza a menudo incomprendida y encasillada en su faceta de cazadora. Sin embargo, detrás de esa imagen se esconde un animal de compañía excepcional. Para desentrañar su verdadera naturaleza, el fundador de Adiestramiento Canino Lopecan, Adrián Navarro, comparte en COPE Málaga su profundo conocimiento y experiencia, demostrando que un podenco puede ser el miembro más leal y tranquilo de una familia. Contrario a la creencia popular, el podenco es un animal extremadamente familiar que tiende a generar vínculos muy estrechos con su círculo conviviente. Adrián Navarro explica que, aunque han sido seleccionados genéticamente durante años para la cacería, esta característica no anula su esencia. “Un podenco es un perro, empezando por ahí”, señala el experto. Esta afirmación subraya que, como cualquier otro can, tienen necesidades afectivas y sociales que son fundamentales para su bienestar. La socialización, el cariño y el trato diario son pilares que marcan el desarrollo de la raza. Navarro destaca que, si bien son capaces de pasar horas en el campo, también “son perros que pueden estar en casa acompañando a bebés, estando en el sofá, estando tranquilos y teniendo una buena rutina de vida”. Este equilibrio los convierte en perfectos perros familiares, siempre que se comprendan y satisfagan sus necesidades intrínsecas. Cualquier persona que esté considerando adoptar un podenco debe ser consciente de su naturaleza activa. “Lo primero que tienen que saber es que son perros muy muy activos”, advierte Navarro. Esta energía, sin embargo, no es un obstáculo, sino una característica que necesita ser gestionada. El experto los compara con otras razas populares como el pastor alemán o el labrador, que también requieren un “desgaste diario” para mantener un comportamiento equilibrado. La clave del éxito reside en cubrir sus altas necesidades energéticas. Un podenco tiene una resistencia física que le permite correr durante horas, por lo que una vida sedentaria no es una opción. Sin embargo, cuando esa energía se canaliza adecuadamente, el resultado es inmejorable. Como afirma Navarro de manera contundente: “son perros que si les cubres sus necesidades energéticas, van a ser los mejores perros del mundo”. Por ello, el perfil del adoptante ideal es una persona o familia activa. “Yo siempre recomiendo que quien quiera un podenco no sea alguien que le guste estar el sábado viendo Netflix en casa, sino que sea alguien que le guste coger el sábado e irse a hacer rutas por el campo”, aconseja el adiestrador. El tiempo de calidad y las actividades al aire libre son la fórmula para forjar una relación sólida y feliz con estos animales. La experiencia de Adrián Navarro no es solo teórica. Su propia manada, compuesta por tres podencos y un total de quince perros en casa, es el mejor ejemplo de la adaptabilidad de la raza. Dos de sus podencas, May y Berta, tienen historias que ilustran a la perfección la capacidad de recuperación y el valor de estos animales. May, que lleva nueve años con él, fue rescatada de la perrera de Cádiz. Era un deshecho de cacería, estaba “muerta de miedo” y “llena de sarna”. Tras un largo proceso de recuperación y adiestramiento, May se transformó por completo. Se convirtió en un perro ejemplo en los colegios, donde participa en charlas para concienciar sobre la tenencia responsable de animales. Ahora, con su merecida jubilación, ha llegado el turno de Berta, su sustituta. Ella también fue rescatada como desecho de caza, pero Navarro pronto descubrió en ella un talento innato y poco común. Navarro notó que Berta, que seguramente provenía de una reala por su instinto de manada, poseía una habilidad especial para “corregir el estrés ambiental y los estados de ansiedad de los otros perros”. Esta capacidad la convierte en una mediadora natural en el grupo. Cuando dos perros están a punto de pelearse, “Berta lee eso y va y se mete en medio”. Si la pelea estalla, interviene para detener al instigador. Por esta razón, Navarro la define como su “perro policía”, una pieza fundamental en la armonía de su manada. En definitiva, el podenco es un animal que, aunque disfruta de su instinto y su trabajo en la caza, anhela lo mismo que cualquier otro perro: ser tratado bien, cuidado y tener una familia. Las historias de May y Berta demuestran que, con paciencia, actividad y afecto, estos perros no solo superan pasados difíciles, sino que florecen hasta convertirse en compañeros de vida insustituibles, desmontando mitos y conquistando sofás con la misma pasión con la que recorren el campo.