Tuve como madre a una mujer excepcional. Una mujer a quien nunca, pero nunca, amedrentó la adversidad, todo lo contrario, se le plantó desde siempre por delante a ésta y no le permitió que dispusiera de su vida. Rosario tenía temple, jamás se amilanó ante la avalancha de obstáculos que tuvo que esquivar o que enfrentar para ser ELLA. Su vida no fue fácil, huérfana de madre a los 7 años, solo contó con el cariño y los cuidados de una abuela muy mayor, Isabel, que también se fue muy pronto. A su papá solo lo tuvo un tiempo, un montón de eventos lo determinaron así. Pasaron muchas décadas para que se reencontraran.