El suicidio entre los profesionales de la salud es una emergencia que se debe discutir abiertamente. A escala nacional, enfrentamos un sistema fragmentado, una cobertura insuficiente y desigualdades en el acceso a la salud. Dicha realidad impone una enorme carga emocional sobre estudiantes, médicos, enfermeros y otros trabajadores de la salud, que puede conducir al colapso y desencadenar pérdidas humanas.