El Centro Histórico de Lima no debe entenderse como un escenario inmóvil para el turismo, sino como un territorio vivo donde patrimonio y economía conviven. Como sitio inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial, su gestión implica conservar valores culturales y mantener funciones urbanas activas compatibles con la vida cotidiana. El plan maestro incorpora el enfoque de paisaje urbano histórico, orientado a proteger la forma urbana y, simultáneamente, permitir su evolución económica y social.