Un lejano 16 de enero de 1979, el Sha de Persia, envejecido y derrotado, tuvo que huir de su país y exiliarse y murió un año después en El Cairo. El líder opositor, el ayatolá Jomeini, se hizo con el control de Irán y lo sometió al fundamentalismo religioso, borrando a fuego y sangre cualquier vestigio de la anterior monarquía.