Llevábamos casi 40 años buscando la herencia genética de Chernóbil. Un nuevo estudio acaba de encontrarla

Durante décadas, una de las grandes incógnitas de la ciencia tras los accidentes nucleares como el de Chernóbil ha sido si la exposición prolongada a la radiación deja una marca genética que puede pasar a la descendencia. Y aunque hasta ahora no había encontrado nada relevante, los avances en las diferentes genómicas han comenzado a dar luz sobre que no es tan inocua como pensábamos para las diferentes generaciones que van pasando. Nueva evidencia. Esto es precisamente lo que ha apuntado un equipo de la Universidad de Bonn al publicar un artículo donde apuntan a que han encontrado pruebas de una "firma mutacional" que va pasando entre las diferentes generaciones en los hijos de hombres expuestos a la radiación tras el desastre de Chernóbil. En Xataka Marie Curie murió hace 92 años. Sus cuadernos personales siguen enterrados bajo capas de plomo por un buen motivo Cómo se hizo. Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron los genomas completos de diferentes grupos para buscar en material genético. Aquí se reanalizaron los datos de secuenciación de 130 hijos de liquidadores de Chernóbil, que recibieron una exposición a la radiación de hasta 4080 mGy. Además, se reclutó a 110 hijos de antiguos operadores de radar militares alemanes expuestos a radiación de hasta 353 mGy. Para poder comparar los datos, el control fue un grupo de 1275 hijos de familias que no contaban en su historia con una exposición a radiación ionizante . Qué se buscaba. Lo fácil aquí podía llegar a ser buscar mutaciones genéricas que son 'de andar por casa', pero el equipo se centró en las mutaciones de novo agrupadas. Estas no son más que múltiples mutaciones nuevas en un segmento de ADN muy corto, concretamente en un margen de 20 pares de bases. Los resultados. Lo que se encontraron aquí fue que la tasa de estas mutaciones agrupadas es significativamente mayor en los hijos de padres que han sido expuestos a la radiación. En concreto, en el grupo de personas de Chernóbil se observó una tasa de 2,65 mutaciones por descendiente y en el grupo de operadores de radar (que recibieron menos radiación) el promedio cae hasta las 1,48 mutaciones agrupadas. En el grupo de control, es decir, aquellas personas que no habían recibido nada de radiación, estas mutaciones eran de 0,88 por lo que sirve de base para comenzar a comparar y sacar conclusiones. Interpretación. Con todos estos datos, los investigadores apuntan a que el número de estas mutaciones aumentaba de manera proporcional a la dosis de radiación a la que había sido expuesto el padre. Y para saber el porqué, nos tenemos que ir a las especies reactivas de oxígeno (ROS) que se generan debido a esta radiación y que inducen roturas en la cadena de ADN de los humanos. Esto es algo fundamental, porque cuando este daño afecta a las células germinales en los espermatozoides y se activan los mecanismos de reparación, se producen diferentes errores que van acumulando mutaciones que acaban transmitiéndose a la siguiente generación. En Xataka Dormir con el móvil a 30 centímetros de nuestra cara nos está rompiendo el sueño. Pero no por el motivo más sospechado Sus consecuencias. El hecho de tener una mutación en el ADN debida a la radiación no significa que se vaya a tener una descendencia con tres ojos, y es que aquí la ciencia apunta a que la probabilidad de que estas alteraciones desencadenen una enfermedad genética en los hijos es mínima. De hecho, la ciencia señala un factor de riesgo mucho más cotidiano como es la edad del padre, puesto que el envejecimiento paterno añade de forma natural entre 1 y 2 mutaciones de novo aisladas por cada año de edad en el momento de la concepción. Imágenes | Jorge Fernández Salas Dasha Urvachova En Xataka | Llevamos décadas buscando "monstruos" radiactivos. Lo que hemos encontrado es una evolución a cámara rápida - La noticia Llevábamos casi 40 años buscando la herencia genética de Chernóbil. Un nuevo estudio acaba de encontrarla fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .