'Los domingos', 'Sirat', 'Maspalomas', 'La cena', 'Sorda' o 'El cautivo' son solo algunas de las 218 películas protagonistas de los premios Goya 2026. Esta es la edición número 40, celebrada esta vez en Barcelona para rendir culto al cine de nuestro país un año más, que premia tanto largometrajes como cortometrajes estrenados durante todo el año anterior. Además de actores, músicos o directores, que son las caras más visibles de las obras cinematográficas, también se ve reconocido el trabajo de guionistas, productores, sonidistas, montajistas, directores de arte, de fotografía y un largo etcétera. En este contexto, los articulistas de ABC, Juan Soto Ivars , Rebeca Argudo y Alfonso J. Ussía , han charlado en el podcast de este diario, 'La Cuota', sobre el escenario en el que se encuentra la industria del cine español en la actualidad. El trío, basándose en su experiencia en el entorno cercano a trabajadores de este sector y desde su visión, comparte algunos puntos de vista que puede que coincidan con el parecer de parte de la sociedad española. Entre muchos de los temas a los que aluden al hablar de la industria del séptimo arte y lo que le rodea, a propósito de la celebración de los Goya, los articulistas han hablado de las subvenciones en el cine, indicando Juan Soto Ivars las palabras de Bajo Ullóa en 'Horizonte', donde contaba que estas ayudas «se dan en función de chorradas». Hacen referencia, por ejemplo, a la cuota del mínimo de mujeres que tienen que estar contratadas en puestos de responsabilidad dentro un proyecto cinematrográfico para poder recibir subvenciones públicas. A colación de ello, Rebeca Argudo relata que, aunque quienes se lo cuentan le piden no desvelar sus nombres, existen casos en los que directores o actores ponen a sus mujeres como si, por ejemplo, hubiesen escrito el guion, indicando que realmente no lo han hecho ellas y lo realiza, en la sombra, alguien de confianza del director. Como reflexión, Juan Soto Ivars expresa sin rodeos: «No he visto un gremio más cobarde que el del cine español» y, ante la reafirmación de sus compañeros en el podcast, opina que «son todos una panda de fachas» y que si hablas con cualquiera en privado se quejan. Argudo le da la razón y señala que esto no lo dicen en público, sino con «la boca pequeña» e Ivars argumenta que esto ocurre «porque hace falta mucho dinero público» y añade: «Esto es lo que pasa cuando compras una profesión». Como refuerzo a estas ideas y para contextualizar, Argudo de nuevo comenta dos ejemplos de testimonios de personas con peso en la industria del cine. El primero, un director, le contaba esto a la articulista: «¿Te puedes creer que cada vez que vamos a pedir una subvención, yo tengo que buscar una mujer, dos mujeres, tres mujeres para poner y a mi equipo lo tengo que poner a trabajar en negro?» El segundo testimonio que da la periodista es de un productor «de una productora muy grande, muy capaz, que hace grandes películas», afirma Argudo, y le cuenta que este llegó a poner a su mujer como productora «y un día se ha dejado caer por el por por la grabación, o sea, por el rodaje para que se le vea, para poder decir tal», refiriéndose a que tiene que justificar de algún modo que figure en el puesto aunque realmente no haga ese trabajo. Así, expone que si eso lo tiene que hacer alguien de una gran productora, «tú imagínate qué margen le deja a una pequeña productora o a alguien que empieza». Ivars reafirma lo que cuenta su compañera indicando que este testimonio se lo ha dicho el mismo productor de cine.