El debate incómodo

El debate sobre el burka y el niqab en Europa y su legalidad en las democracias plenas reaparece en el Estado con la propuesta de Vox en el Congreso de prohibir su utilización en espacios públicos. Es un debate incómodo, pero sería un error silenciarlo por esa circunstancia. De partida, es oportuno arrojar luz sobre esa tradición frente a los eslóganes. Los velos que ocultan el rostro no llegan con el islam, no responden a un mandato del Corán ni son característica insoslayable de la religión musulmana. De hecho, tienen más que ver con la segregación cultural del papel de la mujer y con las trabas a su identificación y autonomía. En ese sentido, no es necesariamente un símbolo de libertad religiosa y ha sido objeto de rechazo desde ideologías progresistas y feministas tanto como de ideologías de extrema derecha xenófoba, sin ninguna voluntad de progreso social y feminismo. De hecho, el debate ha girado sustancialmente en el Estado español al calor de los relatos dominantes de ideologías contrapuestas. Desde la izquierda se ha primado recientemente la defensa de la multiculturalidad y la libertad de credo allí donde antes se sostenía un incuestionable relato de libertad e igualdad de las mujeres.