El 12 de enero viajábamos con las bicis rotas dentro de las cajas hacia el aeropuerto de Douala. La burbuja que suelen ser los aeropuertos respecto al exterior, en Camerún, está reventada, dentro nos esperan doce horas de olores, desorden, calor y mosquitos. Para colmo, Turkish Airlines nos extorsiona para subir las bicis y tenemos que pagar 140€ extras. 32 horas después aterrizamos en Melbourne, es un viaje en el tiempo literal, parece otro mundo. Cuatro meses en África se borran de un plumazo, todo parece un sueño vivido hace años. Durante hora y media miramos la cinta de equipaje voluminoso sin éxito, nuestras cajas no salen, se han quedado en Camerún, lo que nos obliga a esperar tres días y perder la cita para arreglar las bicis. Gracias a Víctor y Eva, unos amigos españoles que nos acogen como una familia, tenemos un lugar donde descansar. Compramos las ruedas y las parrillas llegan por correo, la marca Tubus nos las envía gratis apoyando el proyecto.