Hoy todo se para. Es el único momento del año en el que no nos mezclamos porque en la fe del fútbol somos irreconciliables. Nos odiamos en un sinvivir de casi dos horas, donde la tensión irracional se nos dispara en una suerte de guerra por el estado sentimental que durará semanas. Nos jugamos mucho: el porvenir de los próximos días de paz... o de tormento. Porque el derbi es la sublimación del cainismo sevillano, de una sociedad que vive en una dualidad permanente contra sí misma. Un mundo aparte, cátedra magna hispalensis de la sinrazón, microcosmos excepcional que sólo nosotros entendemos. A las seis y media de hoy habrá un eclipse. Desconectamos. Ni el bombardeo de Irán nos sacará... Ver Más