Atienden al nombre de Nines y Seve aunque en sus partidas de nacimiento figuran como Angelines y Severino. El viernes cruzaban la Plaza de España de Valladolid ante la mirada distraída de docenas de paisanos que esperaban en la acera a que llegara el autobús urbano. Nines avanzaba despacio ofreciendo su brazo a Seve. Sus rostros decían que los dos tenían los mismos años pero la espalda corvada del marido ofrecía señales inequívocas de un desgaste físico que su mujer sobrellevaba con otro arte, recta, tiesa como dirían algunos. Ella lucía un pelo níveo con un corte prudente que confirmaba un trato tan exquisito como alejado de tintes, cardados y permanentes. Nines, de joven, lucía media melena pero con los... Ver Más