Mi hermana Carolina, dos años mayor que yo, avezada inversionista, adicta al dinero, está enojada porque no le he regalado mi más reciente novela “Los golpistas”. Su enfado me ha sorprendido gratamente, pues no imaginé que ella tendría curiosidad por leer esa novela, o alguna de mis novelas. Quiero decir, nunca le he regalado mis libros, y no por mala leche o rencor justiciero, sino porque ella no perdería su tiempo leyéndolos. Sin embargo, ahora ha protestado porque he obsequiado mi nueva novela a todos mis hermanos, siete varones en perfecto estado atlético, y en permanente estado de gracia, pero no a ella, de pronto interesada en mis desvaríos literarios, y ya no tanto en las erráticas fluctuaciones de la... Ver Más