El levantamiento del secreto sobre el intento de golpe de Estado obliga a preguntarse por las razones de Pedro Sánchez para hacerlo ahora y no hace uno, dos o varios años o esperar a un futuro aniversario. Tratándose del presidente del Gobierno, nada es casual. Como es habitual, su gabinete de propaganda ha dado con el titular para explicar la decisión: «La memoria no puede estar bajo llave». La realidad es que hay otras memorias, las que atañen directamente a su persona y a su entorno, sobre las que pesa, por incompresible que resulte, la clasificación de «materia con el máximo grado de protección», como es el caso de los vuelos del Falcon y el Super Puma presidenciales; tan secreto es que en su momento incluso se clasificó como tal la huella de carbono generada por esos viajes. Son solo ejemplos del uso inicuo que hace Sánchez de los secretos mediante una ley de raíz franquista que le permite ese comportamiento. Es una muestra más de su ausencia de escrúpulos para «cabalgar las contradicciones» (el maestro es Pablo Iglesias) en materia de transparencia y ecologismo. Un nuevo texto legal para regular las cuestiones oficiales reservadas está pendiente, sin que se conozca el porqué, en el Congreso.