Llega un momento en la vida en que o bien tú te retiras o bien a ti te retiran. Hubo territorios lejanos y tiempos antiguos en que eso no sucedía: los viejos ostentaban o bien el cetro de mando o bien el título de sabio. Aquí y ahora basta sobrepasar los sesenta y cinco años para ver cómo el sistema va legitimando tu inutilidad.