En una hilarante escena de 'El becario', la protagonista, interpretada por Anne Hathaway, envía por error un correo electrónico a su madre en el que la acusa de ser una «arpía». Cuando se da cuenta del desliz, es demasiado tarde. En un intento desesperado por evitar el desastre, urde un plan junto a su empleado en prácticas (Robert De Niro) para colarse en casa de la madre y robarle el ordenador. La escena funciona como 'gag', pero más allá de los detalles surrealistas, ilustra con bastante precisión una situación incómoda que no se da exclusivamente en el cine . Muchas empresas han cometido el error de 'enviar' mensajes importantes sin fijarse bien en los detalles. Y el problema es que, una vez llegan al buzón de los destinatarios, poco se puede hacer. Si no, que se lo digan a los ejecutivos de Amazon . A finales del pasado enero, una asistente ejecutiva del gigante del comercio electrónico envió por error a varios empleados un correo en el que se informaba sobre el inminente despido de 16.000 empleados. Algo que se hizo oficial apenas unas horas después, cuando la noticia ya había trascendido y había sido recogida por medios como la ' BBC '. «Estos casos se dan con frecuencia, y una de las razones por las que pasa es que muchos usuarios todavía no saben bien cómo funciona el correo electrónico», explica a ABC Jesús Rodríguez Aragón , profesor de Ingeniería Informática de la Universidad Internacional de La Rioja. A diferencia de lo que ocurre con otros servicios de mensajería, como WhatsApp , el experto destaca que eliminar un correo que ya ha sido enviado de la bandeja de quienes lo reciben es, prácticamente, misión imposible. Los servicios como Gmail (de Google) dan apenas unos segundos al usuario para cancelar la operación; pero, en la mayoría de los casos, el tiempo es insuficiente para que quien se haya equivocado sea consciente del error. «El correo electrónico opera en un entorno abierto en el que el usuario que envía la comunicación pierde el control sobre ella de forma casi automática. Es muy parecido al correo tradicional, en el que una vez metes la carta en el buzón te puedes despedir de ella», dice Rodríguez Aragón. No existen herramientas para la eliminación, al menos, siempre y cuando la comunicación haya salido del servidor de la empresa. «En los casos en los que el mensaje se queda en el servidor electrónico de una misma empresa, por ejemplo, cuando es un mensaje que intercambia un trabajador con otro a través de sus cuentas oficiales, sí que hay forma de eliminar la comunicación», prosigue el experto. Ahora bien, en la mayoría de las ocasiones, el tiempo que transcurre entre que una persona recibe el mensaje y la otra es consciente del error, suele ser más que suficiente para que el receptor ya lo haya leído. «El problema es el tiempo que pasa desde que te das cuenta del desliz. Además, lo normal es que la persona que se equivoca y quiere eliminar el mensaje no tenga acceso a la administración del servidor, por lo que tendrá que pedir a otra persona que realice la eliminación», señala el ingeniero. Remarca que «la persona que recibe el correo puede leerlo unos segundos después de que haya entrado en su móvil», y lo normal es que proceder con el borrado pueda llevarle a una empresa, fácilmente, más de media hora: «Para ese momento mucha gente ya habrá leído el mensaje, por lo que da igual que se borre». Cuando el correo sale del servidor de la compañía de turno, el borrado del mensaje es imposible; siempre y cuando no se haya programado previamente su destrucción, algo que es posible en plataformas como Gmail a través del 'Modo confidencial'. Rodríguez Aragón apunta que, técnicamente, sería posible que las empresas añadiesen herramientas para permitir a terceros la eliminación de mensajes en los buzones de los usuarios. Sin embargo, duda de que alguna esté dispuesta a hacerlo, ya que podría provocar problemas de seguridad. «Se podría abrir un protocolo que permitiese el borrado de correos por parte de otras personas directamente en la bandeja de entrada. Entiendo que nadie lo habilitaría, porque puedes abrir la puerta a que otra empresa elimine cualquier cosa cuando esté dentro», remata el docente. Efectivamente, el fallo de Amazon no es una excepción . A lo largo de los años, numerosas empresas han cometido errores de este tipo al realizar alguna comunicación a sus empleados. Es el caso del banco australiano ANZ , que hace unos meses tropezó con la misma piedra. Notificó el despido a cien empleados solicitando la entrega de sus ordenadores por culpa de un mensaje automatizado que acabó siendo enviado antes de lo que la entidad quería. Luego hay equivocaciones que incluso pueden salirles caras a las empresas que los cometen. En 2024, la empresa canadiense Tim Hortons , dedicada a la venta de café y bollería, envió un correo electrónico oficial desde la dirección de la compañía en el que confirmaba a miles de clientes que habían ganado un barco en un concurso. La firma envió al rato otro mensaje en el que trataba de subsanar el error; pero sin demasiada suerte. El pasado verano un juez de la Corte Superior de Quebec admitió a trámite una demanda de los consumidores que recibieron la comunicación. El magistrado justificó su decisión afirmando que «no dar premios a quienes han sido notificados como ganadores, y tampoco ofrecerles una reparación, puede destruir la confianza del público en este tipo de concursos, lo que justifica las demandas por daños y perjuicios». Los errores vinculados al correo electrónico no siempre se deben a un destinatario mal seleccionado. En febrero de 2025, la Agencia Española de Protección de Datos sancionó a Ibermutua después de que un fallo en la programación de su sistema de notificaciones provocase el envío masivo de correos electrónicos con archivos adjuntos que contenían datos personales de miles de usuarios -incluida información relativa a bajas laborales y accidentes- a empresas que no debían recibirlos. El error afectó a 3.395 personas. La entidad reconoció su responsabilidad y terminó pagando 600.000 euros de forma voluntaria. «Este caso fue muy grave; por eso la multa impuesta fue tan elevada», explica a este diario Samuel Parra , abogado experto en asuntos digitales y protección de datos. El jurista remarca que «los datos de salud tienen una protección especial», ya que pueden revelar información íntima sobre el estado físico o psicológico de una persona y, si llegan a manos indebidas, dar lugar a situaciones de discriminación laboral o social: «Por suerte, la Agencia no suele imponer este tipo de sanciones, porque casos así no son frecuentes». Mucho más habituales son las situaciones en las que la empresa de turno deja al descubierto la dirección de correo electrónico de los usuarios a los que envía un mensaje. Y eso pasa porque no se usan correctamente funciones como la de poner en copia, o en copia oculta , que permiten enviar la misma información a varios destinatarios sin que vean los datos de los demás. «En estos casos se quiebra la confidencialidad de los datos, porque revelas las direcciones de los demás. Puedes llegar a ver ver nombre y apellidos también, y todos son datos personales que están protegidos», apunta Parra. El jurista señala que las sanciones, en estos casos, no son muy elevadas, y suelen encontrarse por debajo de los 10.000 euros en España. Acaba habiendo situaciones en las que el error de turno resulta hasta cómico y termina en nada. Uno de los más conocidos: en 2024 un trabajador en prácticas de la productora audiovisual HBO mandó un correo masivo a los clientes en el que simplemente aparecía escrito 'integration test email #1' en el asunto. En redes sociales se comenzó a comentar la situación y la empresa no tardó en salir al paso de las elucubraciones afirmando que «fue el becario», y que se le estaba «ayudando en el proceso». Además, hace solo unos meses un colegio británico compartió por equivocación la dirección de una web de contenido pornográfico en una circular a las familias en la que se informaba sobre la retirada de un libro de la biblioteca. En ambos casos la cosa quedó ahí, en el mero desliz, que es -por fortuna- lo más habitual.