'Tentativo', del dolor de crear a la alegría de bailar

La autoficción es una corriente habitual en el teatro contemporáneo, pero no tanto en la danza flamenca, mucho más proclive a lo abstracto (o a las historias literarias). La creciente presencia de dramaturgos dando forma a las ideas de los coreógrafos ha facilitado el viaje introspectivo que algunos de estos últimos han querido llevar a escena (estoy pensando ahora mismo en Israel Galván -'El Dorado'- o Rocío Molina -' Calentamiento '-). Y algo hay de 'autoficción' -dicho sea con todas las reservas- en 'Tentativo', el nuevo espectáculo de Jesús Carmona , con el que el artista barcelonés vuelve al escenario tras el 'coitus interruptus' que fue su etapa al frente del Ballet Español de la Comunidad de Madrid ; el propio subtítulo de la coreografía lo aclara: Basado en paisajes reales. Carmona ha confesado en las horas previas al estreno que el espectáculo nacía de su necesidad de bailar, de conectar con el público de manera sencilla, de volver a sentir las sensaciones que le llevaban a querer romper zapatos en el escenario... y de la necesidad de reír. No es de extrañar, ya que a esa frustrante experiencia hay que añadir que los dos últimos trabajos de Carmona fueron particularmente intensos: 'El salto' y 'Baile de bestias'. El bailarín y coreógrafo ha contado con Luis Luque , uno de nuestros grandes directores de escena actuales, para darle cuerpo a este espectáculo, que empieza con códigos contemporáneos y deriva hacia mundos más festivos y más 'ortodoxamente' flamencos. La mano de Luque se nota fundamentalmente en la limpieza expositiva de la pieza, en su claridad y comunicatividad y, naturalmente, en los acentos poéticos que le otorga a la coreografía. Esas son algunas de las virtudes de 'Tentativos', un espectáculo que bucea de forma sutil tanto en la memoria como en los entresijos de la creación, que abre las puertas para mostrar a los bailarines y no a sus personajes; que narra esos momentos, a veces tortuosos, a veces laberínticos, en que se gestan los espectáculos, para después estallar en baile. Entremedias, momentos de una seductora belleza escénica, como la acumulación de panderetas sobre los brazos de Carmona, o cuando éste va calzando, uno a uno, a sus bailarines. Jesús Carmona no solo es un creador sugestivo, sino también uno de los mejores bailarines que tiene la danza española en estos momentos, por elegancia, musicalidad, gallardía y técnica, cualidades que despliega a lo largo de todo el espectáculo, estupendamente secundado por sus cinco bailarines y sus cinco músicos, con mención especial a las voces flamencas de Teresa Hernández y Gabriela Giménez, tan dulces como ardientes.