En un contexto en el que los bancos , las aseguradoras, los fondos de inversión, los supervisores y el propio Gobierno animan a los españoles a participar más en los mercados de capitales, hay un término que sobresale por encima del resto como fórmula 'mágica' para multiplicar el ahorro y la inversión: el interés compuesto . España es un país muy conservador y poco dado a estar presente en los mercados. Hay más de 1,1 billones de euros en depósitos y efectivo que dan muy baja o nula rentabilidad. La industria financiera y las autoridades buscan que los ciudadanos ahorren e inviertan más. Acciones, fondos de inversión, ETF … Hay multitud de productos a través de los que ahorrar de manera conservadora pero con rentabilidad, y también para invertir con algo más de riesgo. Aquí es donde surge el término del interés compuesto, válido para todos los perfiles de ahorrador e inversor y que aplica en multitud de productos financieros. Como explica BBVA en su portal financiero, «el tipo o tasa de interés es un porcentaje que se aplica como concepto de pago por el dinero durante un tiempo determinado. Es el precio del dinero». Es decir, la rentabilidad que alguien obtiene por su ahorro e inversión. Esto es lo más básico para quien quiere entrar en los mercados. El interés compuesto es algo más complejo pero fundamental para planificar el futuro a largo plazo. «El interés compuesto es el que se va sumando al capital inicial y sobre el que se van generando nuevos intereses. El dinero, en este caso, tiene un efecto multiplicador porque los intereses producen nuevos intereses», añade la entidad. En cambio, si es un interés simple, los rendimientos siempre se generan sobre el capital original, lo que no provoca el efecto bola de nieve que se llama. Un ejemplo claro que recoge el Banco de España para hacer entender la diferencia entre interés simple y compuesto. Pongamos una inversión de 1.000 euros, que se retirará dos años después y tiene un interés del 3% anual. Si el interés es simple, al final de cada año el usuario ganará 30 euros con lo que al cabo de dos años recibirá 1.060 euros. En ese ejemplo, si el interés es compuesto, lo que se gana el primer año se suma al capital inicial y la rentabilidad del segundo ejercicio se contabiliza sobre una cantidad mayor. En el primer año, la ganancia sería igual de 30 euros; el segundo año, en cambio, el 3% de rentabilidad se aplicaría sobre 1.030 euros ya que se ha sumado el rendimiento del primer ejercicio, con lo que daría unos intereses positivos el segundo año de 30,9 euros. En total, gracias al interés compuesto, ese usuario al final de los dos años recibiría 1.060,9 euros, frente a los 1.060 que recibiría con el interés simple . Este es un ejemplo con pequeñas cantidades y muy bajo horizonte temporal. La clave aquí, como apuntan los expertos, es principalmente el tiempo. «En el caso del interés compuesto, el capital inicial va creciendo en cada periodo porque se van sumando los intereses; la tasa de interés se aplica sobre un capital que va cambiando; los intereses aumentan en cada periodo», recoge BBVA. Como afirma el banco, es el «efecto multiplicador el que hace que el interés compuesto sea una de las herramientas más poderosas para maximizar el rendimiento de una inversión a largo plazo». En un ejemplo de inversión de 10.000 euros, al 3% anual, con interés simple a los cuatro años el usuario tendría 11.200 euros y con interés compuesto, 11.255 euros. Si se amplía el tiempo a 12 años, con interés simple tendría 13.600 euros y con el compuesto 14.260 euros; y si se mantiene 24 años, con interés simple tendría 17.200 euros y con el compuesto 20.192 euros. Las diferencias son evidentes. Y más aún, como apunta la entidad financiera, si se hacen aportaciones mensuales. «El interés compuesto es aún más poderoso cuando se realizan aportaciones periódicas», destaca BBVA. Con un capital inicial de 10.000 euros, realizando una aportación mensual de 100 euros, a un 3% y durante 25 años, con interés compuesto el resultado final para el usuario sale que tendría al final del periodo más de 65.000 euros. «Los intereses pasados sirven para generar más intereses en el futuro. Es como si fuera una bola de nieve que va sumando dinero al monto total sobre el que se calculan los intereses año a año. Es la expresión más clara de cómo el dinero genera dinero gracias al efecto multiplicador», explica por su parte Openbank, el banco digital del Santander. Desde el sector público, el Banco de España, la CNMV y el Gobierno tienen el portal Finanzas para Todos , como parte de las iniciativas en educación financiera. Ahí también se intenta instruir a los ciudadanos sobre la importancia del interés compuesto en el ahorro y la inversión. «El factor clave es el tiempo. El interés compuesto premia la paciencia. Cuanto antes empieces, mayor será el efecto acumulado. Por eso, comenzar a invertir desde joven, aunque sea con cantidades pequeñas, puede marcar una gran diferencia en tus ahorros, por ejemplo, para tu jubilación», dicen en el portal.