La personalidad de Andy Warhol continúa siendo, casi 40 años después de su muerte, un misterio que sus biógrafos no terminan de resolver. El artista plástico más popular del siglo XX, el que se fabricó una imagen a la altura de sus extravagancias, aquel que edificó un icono mediático sobre el impudor y la transgresión, que se movía en una atmósfera de glamur estelarizada por el sexo, las drogas y el alcohol, no se sabe muy bien si era un retraído que trataba de superar su timidez con comportamientos excéntricos, un sádico que se regocijaba con el sufrimiento de sus allegados o alguien que reprimía un carácter violento explotando a sus colaboradores y prescindiendo inopinadamente de los más fieles. Posiblemente fuera una mezcla de todo ello.