A veces, para entender lo que nos pasa, basta con observar el paisaje cotidiano de nuestras calles. Si paseamos por el centro de Alicante y sus barrios, recorremos el paseo de Altea o nos detenemos en una plaza de Dénia, percibiremos una realidad vibrante y diversa que poco tiene que ver con los discursos apocalípticos que emiten ciertos sectores. Sin embargo, de unos años a esta parte, asistimos a la fabricación de un relato diseñado para romper esa convivencia: el mito del «Gran Reemplazo». Se nos vende como una verdad acuciante, un mantra que busca repeler el sentido crítico y sustituir la observación serena por un miedo visceral.