¿Qué mal nos ha hecho Mercè Rodoreda?

Cada cuatro años asistimos, casi con liturgia, a la llamada “fiesta de la democracia”. Y cada cuatro años, quienes habitamos las aulas, repetimos en silencio el mismo deseo: ojalá, esta vez, a alguien le importe la educación más allá del titular. Con una mezcla de resignación y esperanza regreso siempre a clase, sabiendo que tarde o temprano algún alumno formulará la pregunta incómoda: “¿Por qué eliminan algo que nos gusta o que funciona desde hace tanto tiempo?”.