En Alicante, la tensión en el mercado de la vivienda no es una excepción, es la norma. Los precios suben, la actividad se mantiene elevada y la dificultad de acceso se ha ido consolidando con el tiempo, incluso en periodos en los que la construcción ha mostrado signos de mayor dinamismo. Entender esta continuidad es clave para interpretar la situación actual de la provincia. La evolución del mercado no responde a un desequilibrio financiero ni a un repunte especulativo, sino a una demanda estructural que no concede treguas y que la oferta residencial no ha logrado absorber de forma sostenida.