La Fundación del Español Urgente eligió ‘arancel’ como la palabra de 2025. El diccionario de Oxford optó por rage bait, que se podría traducir como ‘cebo de la ira’, un contenido en redes sociales que provoca indignación ciudadana. Pero seguro que entre las finalistas a llevarse este singular reconocimiento se encontraba ‘inteligencia artificial’ (IA). Porque pocas palabras ocupan hoy tanto nuestra conversación, privada, pública o profesional. El impacto de esta tecnología disruptiva se ha comparado con la máquina de vapor, la electricidad o internet. Una revolución imparable y nada silenciosa. Si solo estamos asistiendo a los albores de su potencialidad, es difícil pensar en dónde está el límite, si es que existe.