Un elemento que distingue a la era de posverdad es que no se trata de mentiras. La clave está en que el dato pierde relevancia frente a lo llamativo. Los políticos tradicionales, aún en el paradigma de la ilustración pierden de vista esta característica central y se someten a un prejucio lleno de solemnidad y falta de los sentidos del humor y de la oportunidad. La inteligencia humana empieza a regirse por lo lúdico, la capacidad de inventiva, la imaginación. La representación también debería aceptar ese código, esos códigos, propio de la era del Homo Ludens, que sigue al Homo Sapiens. Leer más