Entre el agotamiento y la resistencia en Cuba

El teléfono acaba de sonar. Es la tarde del 6 de febrero. Las maletas ya están listas para volar a Cuba. El viaje lo he organizado para asistir como ponente invitado al Congreso Internacional de Educación Superior que se celebra cada dos años auspiciado por el Ministerio de Educación Superior junto a las universidades cubanas. Además, debo escribir una crónica de encargo sobre la situación de Cuba después de la caída de Maduro en Venezuela. Finalmente, me propongo dirigir un proyecto fotográfico en La Habana sobre esta decadencia que está carcomiendo lo que aún queda de su olvidado esplendor. El objetivo es producir una exposición que deje testimonio de lo que sucede allá. Para ello, mi amigo el fotógrafo cubano Rodolfo (omito el apellido a petición suya) está estudiando emplazamientos, lugares, paisajes con figuras, sombras y luces que ofrezcan un recorrido visual de la ciudad que se ha convertido en un fantasma de sí misma.