Estos días el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) está en las conversaciones de la gente trabajadora. El debate está en los centros de trabajo y en la calle y no es un debate menor. Estamos hablando de una herramienta clave para combatir la precariedad, mejorar las condiciones de vida de miles de personas trabajadoras y reducir las desigualdades crecientes. Por eso, creo que conviene aclarar ciertos aspectos frente al ruido que genera quien nos señala como culpables de no querer mejorar los salarios de nuestra gente, de nuestra tierra.