Por esas cosas de las estrategias políticas que suceden con los cambios de líderes, Francisco Soliño (PP) tiene ahora más protagonismo que antes en los plenos y menos sentido del humor. Está convencido que los gobiernos locales deben vasallaje a la Xunta y que si no piden, pues no se les dará, porque esa es la verdadera esencia de la política. Después está el mantra de que los miembros del gobierno local no trabajan. Es algo que, como diría al final, el concejal de Urbanismo, Antón Iglesias (BNG) una letanía aburrida que toca a su fin. Que el gobierno local no trabaja y que no pide las cosas son los pilares en los que se basa la estrategia del PP para socavar la credibilidad de un tripartito (BNG, PSOE y EU) que mantiene la alcaldía desde hace dos años y medio tras haber obtenido el respaldo de la única concejala de AV, que ahora vota la mayor parte de las veces con el PP. Molestos los populares con que la alcaldesa Araceli Gestido (BNG) cierre los debates, el PP ha escogido la figura del veterano edil Pío Millán para impedir que lo haga, interviniendo él también sin que tenga el uso de la palabra y alborotando el pleno para sea todo confusión. La regidora local advierte, pero no avisa. En el prólogo de la batalla, el gobierno local escenificó su unión y entregó un ramo de flores a la concejala de EU, Aurora Prieto, que dejó en enero la cartera de Cultura.