Hace una docena de años, en 2014, el Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco) puso en marcha un decreto mediante el que las industrias podían calcular su huella de carbono y compensarla con una participación económica en «proyectos de absorción», es decir, en plantaciones de sobre todo pino y abedul y, en menor medida, robles y castaños. ¿Por qué predomina el pino? Porque el compromiso de las comunidades de montes y plantaciones particulares es de 40 años, y la corta de esta especie suele rondar los 30, mientras los castaños y los robles precisan bastante más tiempo para someterse a una tala. Pero también es cierto que pinos, eucaliptos y abedules son muy efectivos a la hora de «secuestrar» carbono y metano.