Hay gente pa tó

Llevo toda la semana acordándome de un colectivo que me genera cierta simpatía. Por algún motivo cada vez que enredo con el móvil o miro las redes sociales, o incluso el electrodoméstico anteriormente conocido como televisión, se me vienen a la cabeza el puppy play o “pups”. La aldea global en la que vivimos todos en cabañas fabricadas con fibra óptica se compone de comunidades, y estos días no paro de acordarme de esta de la que os hablo. El puppy play es una práctica dentro del amplio paraguas del BDSM y del roleplay erótico o no erótico. Consiste en que una persona adopta temporalmente el rol de un perro (generalmente un cachorro), imitando comportamientos caninos y usando accesorios como collares, arneses o máscaras. Yo esto lo sé porque me lo ha contado un amigo.