Lunes. Leo un artículo de Juan Tallón en este periódico sobre las virtudes benéficas de descalzarse al llegar a casa. Esa capacidad para los detalles, ese diagnóstico de la realidad a través de cosas que a otros les parecen nimias. En efecto, quitarse los zapatos es como quitarse los problemas, las adherencias del mundo exterior, que se queda fuera. Nuestros zapatos son nuestra patria o eso dicen pero a veces ser apátrida, censarse en el salón, avecindarse en el sofá, desconectar por la cara, y por los pies, es sanador. Claro que lo que no te entra por los zapatos, que quedan en el zaguán, te entra por el teléfono. Zaguán, ah, qué delicia de término en desuso.