La decepción y el ser humano

Hay cosas que creemos eternas. No porque tengamos pruebas de su eternidad, sino porque las necesitamos así: fijas, sólidas, como columnas que sostienen el techo bajo el que vivimos. Les otorgamos esa condición sin preguntarles si están de acuerdo. Las convertimos en axiomas de nuestra realidad particular, en el suelo firme sobre el que construimos cada paso. Y entonces, un día, sin previo aviso o con demasiado, algo cede.