Si la repostería europea es puro arte, la asiática no se queda atrás, y en concreto la vietnamita tiene todos estos platazos A nadie le amarga un dulce por Asia: los 5 postres más reconocidos en todo el Líbano Pocas cosas despiertan tanta unanimidad como un buen postre. Y si hablamos de los más célebres del continente asiático, Vietnam juega en otra liga. Su historia culinaria, influida por tradiciones locales y matices franceses, explica por qué los postres vietnamitas no suelen ser empalagosos, sino frescos, ligeros y basados en arroz, coco y frutas tropicales. Aquí lo dulce es textura, contraste y temperatura. En este recorrido por la repostería vietnamita asoman nombres que cualquier viajero ha visto —o probado—: el chè, el bánh da lợn o el bánh cam, dulces que forman parte de la vida cotidiana. Vietnam puede dividirse por norte y sur, por ciudad y campo, pero hay algo que lo mantiene unido: su manera sencilla de integrar el postre en la rutina diaria. 1. Chè Más que un postre concreto, es una familia entera de dulces servidos en vaso o bol. Puede llevar judías dulces, tapioca, frutas, coco o gelatinas, y se sirve frío o templado. Es uno de los dulces más consumidos del país. 2. Bánh da lợn Pastel al vapor de capas verdes y blancas, hecho con harina de arroz, coco y pandan. Tiene textura gelatinosa y es habitual en celebraciones y mercados tradicionales. 3. Bánh cam Bolas fritas de arroz glutinoso cubiertas de sésamo y rellenas de pasta dulce de judía mungo. Crujientes por fuera y suaves por dentro, son muy populares como merienda callejera. 4. Bánh chuối Pastel de plátano elaborado con coco y arroz, horneado o cocido al vapor. Es sencillo, muy aromático y frecuente en hogares y pequeños puestos locales. 5. Kem xôi Postre que combina helado con arroz glutinoso y coco rallado. Puede sonar extraño, pero es una mezcla habitual en puestos callejeros y destaca por su contraste de temperaturas y texturas. Vietnam demuestra que el postre no necesita capas infinitas de azúcar para ser memorable. Sus dulces hablan de arroz, de coco y de clima húmedo, y de una cocina donde el placer dulce es ligero y cotidiano. A veces, entender un país empieza por algo servido en un vaso con cuchara de plástico y mucho hielo.