Daniel J. López Vega es psicólogo general sanitario y ha estado casi treinta años trabajando en la sanidad pública. Ha dirigido el Plan Integral de Tabaquismo de Andalucía durante la pasada década y en Proyecto Hombre, ha conocido de primera mano las principales adicciones de los jóvenes. Actualmente preside la Asociación de Profesionales en Prevención y Posvención del Suicidio (Papageno), muy activa en la defensa de los pacientes con riesgo de caer en conductas de este tipo en España. -¿La salud mental sigue siendo la ceniciencia de la sanidad pública? No sólo de la sanidad pública, que sólo cubre enfermedades mentales graves. Hay algunas que ni siquiera un psicólogo privado las coge, por ejemplo, patología dual. Un señor que lleva treinta años consumiendo y no ha conseguido dejarlo, es muy dificil que lo cojan en ninguna consulta privada en España. Ni pagando. -¿Por qué? -Porque no interesa, no sale rentable. A veces me enfado y me pregunto si muchos sólo quieren gente en sus consultas que se come las uñas. Esuna exageración, claro, pero es que hay casos que no lo coge nadie porque con otros vas a tener más éxito y vas a ganar lo mismo. Los casos de suicidas los está cogiendo ahora la gente joven pero antes no los quería nadie porque que un paciente de tu consulta se te suicide supone una mancha en tu currículo y te produce personalmente un dolor tremendo. ¿Y qué ocurre? Que si eso no lo hace la sanidad pública, que muchas veces no tiene capacidad, y tampoco lo hace la privada. Es decir, ni con dinero. Conozco gente que tiene un alto poder adquisitivo y están agotados porque no encuentran a nadie dispuesto a tratar a sus hijos o familiares. Y conozco a gente que está ya desahuciada porque tampoco consigue atención. - Desde un punto de vista humano, también es, en cierto modo, comprensible. -Sí. Pero uno empieza a entender lo que eso significa cuando le toca directamente. Y yo lo considero, en cierto modo, violencia estructural. Hay que pensar que muchos de esos profesionales han estudiado en colegios y universidades públicas pagadas con los impuestos de todos. Y el psicólogo decide si lo coge o no porque considera que el mercado es libre. Igual es una posición muy radical pero me pongo del lado del paciente. -¿Esto pasa sólo en España? -No, pero en España hay una deuda histórica con la patología dual o los trastornos límites de la personalidad. En su momento, la drogodependencia se delegó al movimiento asociativo. - Como Proyecto Hombre... -Sí, pero Proyecto Hombre es rey. A veces se han encargado ongs medio religiosas de estos pacientes en cuatro o cinco granjas. - Y cuando les reprocha esto a sus compañeros, ¿qué le dicen? -Pues se cabrean. -¿Y no le argumentan nada? -No, porque esto no lo van a reconocer. Es curioso porque ahora están empezandoa coger gente con problemas suicidas. ¿Y por qué? Porque ahora están los focos encima de la conducta suicida. Yo he trabajado mucho en drogodependencias y también soy experto en casos de conductas suicidas y he visto todo esto que cuento. La patología dual es cansina y se consigue poco éxito. -Póngame un ejemplo que haya vivido de cerca. -He atendido de adicción al tabaquismo a un enfermo terminal con VIH (el virus del sida). Y había compañeros que me decían que estaba loco, pero resulta que el VIH se convirtió en una enfermedad crónica y que esos enfermos acaban muriéndose de las mismas cosas que tú y que yo. Y eso no es justo. No podemos decir que eso no es problema mío. Y los psicólogos somos casi marginales en la sanidad pública, creo que sólo hay un solo director de unidad de gestión clínica que sea psicólogo, todos los demás son psiquiatras. Vengo de trabajar más de 20 años en el sistema sanitario y recuerdo que me decían que a las prisiones no íbamos, porque eso competía al Ministerio del Interior. Pero es que son andaluces y van a venir a los centros de salud cuando salgan. No es una idea moral ni ética sino de lógica. No se puede discriminar a los que sean pobres. Y es más bonito hablar de la ballena azul o de retos virales que de los padres que se separan y tratan de manipular a sus hijas en contra del otro. O del bullying o la soledad.