El ministro Grande-Marlaska acaba de cortocircuitar la euforia aeronáutica que vivíamos. El aeropuerto no tendrá, por el momento, control de pasaportes ni espacio fronterizo. Aquel chiste castizo de que los aviones bajarían a Córdoba cuando les echáramos migas de pan en la pista -con vistas a las parcelaciones ilegales y zona inundable- pasó a mejor vida. Hasta tres compañías han hecho ya acto de presencia en una terminal que hubo que duplicar sobre la marcha al darse cuenta AENA que su primera reforma era como jugar a las casitas. Y eso que los planes de márketing que nos contaron hablaban de cien mil pasajeros no a mucho tiempo. Vuelos chárter exóticos, enlaces a Reino Unido, Norte de África o cualquier... Ver Más