No esperen en abril

Durante mucho tiempo explicamos la crisis política peruana como un problema de diseño institucional, malas reglas, partidos débiles e incentivos torcidos. Todo eso sigue ahí. Pero hoy, ese diagnóstico resulta insuficiente. Las encuestas recientes sugieren algo inquietante: la elección que viene no producirá un mandato. Producirá ganadores, pero no apoyo ni cohesión social para gobernar. Y un poder sin cohesión es un castillo de naipes. El poder estará formalmente concentrado, pero políticamente diluido.