Monseñor Argüello revela el profundo significado del Bautismo: el inicio de tres diálogos vitales para el creyente

En su carta pastoral de Cuaresma, el arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, ha destacado que este tiempo litúrgico es un camino que prepara a los fieles para renovar en la Noche Santa el Bautismo. Para el prelado, el sacramento cuaresmal invita a profundizar en el misterio de Cristo, ya que el conocimiento de la fe "arranca del Bautismo". Monseñor Argüello explica que el Bautismo incorpora al creyente en tres diálogos para toda la existencia. El primero es el que se establece entre la fe y la razón y la gracia y la libertad, un coloquio que, según sus palabras, "ensancha su razón, purifica su libertad para vivirla como respuesta a la llamada del Señor". El segundo diálogo fundamental es el que surge entre la Iglesia y la sociedad. El Bautismo nos hace "pueblo de Dios que peregrina hacia el Cielo", con la misión de ofrecer "la permanente novedad del Evangelio", la fraternidad y la amistad social. En este contexto, Argüello subraya la importancia de proponer una "vida buena" y ofrecer el perdón, ya que es "un diálogo también imprescindible para poder vivir juntos". Finalmente, el sacramento da paso a un diálogo entre el camino histórico y la vida eterna. Esta conversación aporta "una esperanza concreta ante los acontecimientos" y recuerda que ninguna ideología agota el Evangelio. Por ello, el arzobispo advierte: "no podemos construir el paraíso en la tierra, dejemos la vana pretensión de querer conformar la realidad y los corazones desde las ideologías". Este coloquio entre la historia y la plenitud del Reino se manifiesta de forma especial, según el presidente de la CEE, en el cuidado de los más pequeños, los empobrecidos, los enfermos y los que están solos. Argüello lo describe como "una llamada bien concreta" que surge de "los rostros de los pobres" y del deber de "combatir aquellas causas que provocan las situaciones de empobrecimiento". La carta concluye con una llamada a que la Cuaresma sirva para intensificar la vida de fe, esperanza y caridad. El Bautismo, que "cura del pecado original", nos permite vivir como "verdaderas criaturas nuevas", por lo que este tiempo litúrgico es una invitación a renovar la conversión y acoger la misericordia de Dios.