Quizá sea por aquello de que dicen de que una imagen vale más que mil palabras, cada vez se usan más emojis, stickers y memes en los mensajes que enviamos o en los textos que colgamos en las redes sociales. Al margen de si la afirmación inicial es o no una generalización, como puede comprobarse con las variadas interpretaciones que se pueden hacer, por ejemplo de los emojis de la caca, de la berenjena o de la calavera con fémures cruzados según seas de una generación u otra o, incluso, del país del usuario que lo manda o recibe, lo que es innegable es que un dibujo o una foto levemente modificados son más rápidos de mandar y muy comprensibles si se comparte código y contexto.