El 1 de junio de 2025, casi a las 11 de la noche, un contenedor llegó al puerto del Callao en Perú. Cinco días antes había partido del puerto de Manzanillo, Colima . La documentación de embarque señala que transportaba 800 sacos de piedra triturada, de 25 kilogramos cada uno, con destino final Bolivia. La carga, sin embargo, nunca salió de Perú.