Mientras la atención suele centrarse en nuevas tarjetas gráficas, saltos de potencia y cifras de rendimiento, algunos de los cambios más decisivos del PC gaming ocurren lejos de los focos. Sin presentaciones espectaculares ni grandes titulares, una actualización de software puede redefinir cómo los juegos aprovechan el hardware durante años. Eso es exactamente lo que acaba de suceder con Microsoft y Direct3D 12.