Los grandes embalses españoles se construyeron sobre todo durante la segunda mitad del siglo XX, aunque existen también presas levantadas tiempo antes. A lo largo de varias décadas, estas infraestructuras esenciales se han topado con un enemigo silencioso cuyos efectos no se aprecian a simple vista, pero pueden acabar dejando inservible cualquier pantano. Son los sedimentos, materiales que arrastran los cauces y que se decantan en el fondo del embalse.