Mediante una combinación de interferometría avanzada y redes neuronales entrenadas para reconstruir imágenes astronómicas, investigadores liderados por la UNAM han logrado observar con un detalle sin precedentes la actividad volcánica de Ío. Lo que emergió del análisis no fue solo un mapa térmico, sino un paisaje dinámico y abrasador que redefine cómo entendemos la luna más violenta de Júpiter.