Ahí también vive gente: Los vecinos del Casco Viejo de Pamplona reivindican su identidad como barrio

Iruña se ha olvidado de que hubo un día en el que el Casco Viejo tuvo una identidad propia. Cuando en el barrio latía el pulso de algo parecido a un pueblo y no el nerviosismo de unos vecinos enclaustrados que no pueden entrar y salir de sus hogares cuando lo desean o que no pueden abrir las ventanas por las noches. Cuando las calles todavía no eran pasillos de tránsito turístico, sino plazas de encuentro en las que hacer mucha vida. Cuando nadie se veía forzado a dejar el lugar que llevan habitando desde que nacieron. Cuando las luces de la fiesta no cubrían la piel centenaria de sus calles y cuando todavía no habían bajado la persiana comercios históricos a cambio de colocar franquicias, tiendas de souvenirs o de alcohol. Como consecuencia de la gentrificación, el modelo de ocio basado en el consumo de alcohol y la fiesta le ha ganado la batalla a un vecindario que, tras ver que se ha roto el equilibrio, ya no puede más.