Hablar solo fue durante siglos sinónimo de rareza o locura. La psicología moderna lo redefine como una herramienta cognitiva y emocional, aunque advierte cuándo puede ser señal de algo más profundo

Durante siglos, hablar solo fue visto como rareza o signo de locura. Hoy, la psicología lo reivindica como herramienta cognitiva, emocional y social. Pero también advierte: cuando el monólogo se vuelve excesivo o rompe con la realidad, puede ser señal de algo más profundo.