El Gobierno ha aprobado esta semana un proyecto para combatir la soledad no deseada, una realidad que se vive con especial dureza en los hospitales. El programa La Mañana de Fin de Semana se ha trasladado al Hospital Clínico de Madrid para poner rostro a la llamada soledad hospitalaria, la de aquellos pacientes que pasan días enteros sin recibir la visita de un ser querido. Juan Bautista, capellán en el hospital, recorre las habitaciones y confirma que muchos pacientes se sienten solos. Aunque algunas personas son más sociables que otras, explica que "en estas situaciones de dificultad, de enfermedad, pues se necesita el apoyo de todo". Para él, el apoyo de la familia es "principal", junto al de los médicos y el de Dios. Según el capellán, la soledad de estos pacientes a menudo es un reflejo de la que ya vivían en sus casas. Las causas son variadas: a veces no tienen familia cercana, existen problemas familiares o, en muchos casos, las enfermedades mentales complican las relaciones. "La familia no lo entiende y a veces, pues eso produce una separación", detalla. En la habitación 9 de la planta 2 se encuentra Asis, un paciente que lleva 15 días ingresado por un problema en el colon, tras un ingreso anterior de dos meses. Para él, la estancia se hace muy dura. "Pierdes la cabeza, estás de verdad agobiado, el tiempo no pasa, sufrimiento, dolor", confiesa sobre la soledad que experimenta. Su familia vive en Marruecos, y aunque tiene amigos que le visitan, la sensación de aislamiento persiste. Asis se define como una persona activa a la que le gusta la vida social. "Soy como un pájaro, a mí me gusta la luz del día, disfrutar de la vida, una charla, tomar un cafecito a una terraza", relata sobre lo que más echa de menos. Junto a Asis se encuentra Genaro, uno de los voluntarios del hospital que le acompaña. "Formo parte del equipo de voluntarios, y entre ellos está Asis", explica. Su labor es precisamente buscar a personas que se sientan solas para ayudarlas, con turnos de visita por la mañana y por la tarde. Genaro cuenta que los pacientes que afrontan la enfermedad en soledad "sobre todo, están tristes". La clave de su labor es "estar con ellos, intentar algo de empatía con ellos y ayudarles, pues, a ver las cosas de otra manera". Este acompañamiento a veces forja amistades que se mantienen incluso fuera del hospital. Como resume el acompañante de otro paciente, "la compañía es una buena medicina". Esa es la principal necesidad de muchos enfermos. Paradójicamente, aquellos que ya estaban solos en sus casas encuentran en el hospital, gracias a la labor de los voluntarios, un acompañamiento que antes no tenían.