Navarra llegaba a la final con la inercia del pleno de victorias en la competición tras una semifinal histórica, con remontada en inferioridad ante la anfitriona, Cataluña, incluida. Su rival, Canarias, afrontaba el partido definitivo con la confianza que le daba haber apeado a los dos últimos campeones continentales, Aragón y Galicia, sin encajar un gol en todo el campeonato. Ambos equipos partían con la enorme ilusión de proclamarse campeones de la Copa Regiones UEFA por primera vez en su historia y, de esta forma, convertirse en el representante nacional en la fase internacional.