En 2012, un altercado terminó de forma trágica tras la aplicación de presión intensa en los testículos. Más allá del impacto inicial, el caso puso sobre la mesa un fenómeno conocido como respuesta vagal extrema: un estímulo doloroso puede activar conexiones nerviosas que ralentizan bruscamente el corazón y, en situaciones específicas, provocar consecuencias graves.