Su nombre era Constantino Rodríguez, aunque en Pola de Siero, donde residía, todos le conocían como “Tante”. Un buen hombre, hecho a sí mismo, humilde, vecino de la calle San Antonio, que sacó adelante a toda su familia y que este domingo, a los 82 años, perdió la vida cuando acudía a su santuario, El Molinón. “Era muy del Sporting. Como todos en la familia”, cuentan sus allegados, rotos de dolor por una pérdida tan repentina. Como cada dos domingos, Constantino —socio de Plata del Sporting de Gijón desde hace años y abonado durante más de cuatro décadas— se había desplazado a Gijón junto a su hijo Javier y su nieto, Sergio, cumpliendo con la tradición familiar de animar al equipo rojiblanco desde la grada. Tras aparcar el vehículo en el barrio gijonés de El Coto y caminar juntos hasta el campo, los tres tomaron asiento en sus respectivas butacas situadas justo en la esquina entre el fondo sur y la grada este del municipal gijonés para seguir el partido.