El análisis detallado de restos humanos asociados a enterramientos de élite sugiere que las víctimas de los rituales sunjang no eran necesariamente esclavos anónimos ni simples prisioneros de guerra. Las evidencias apuntan a un entramado social donde el sacrificio cumplía funciones simbólicas vinculadas al poder, la jerarquía y las creencias sobre la vida y la muerte en la antigua Corea.